Desarrollo de Bogotá D.C. entre 1980  y 2000

 

La historia de la planeación urbana de Bogotá ha pasado por diferentes momentos, pero es a partir de la década del 50 que podría pensarse que se da inicio a un pensamiento más urbano de la ciudad, ya que ésta fue concebida anteriormente como ³una aldea en expansión² según algunas referencias históricas a cerca del crecimiento de la ciudad.  Proyectos y planes urbanos como, el Plan piloto (1950) planteado por Le Corbusier, seguido por el plan regulador de Wiener y Sert (1953) se convierten en las primeras aproximaciones que daban cuenta de lo que estaba sucediendo con Bogotá y de lo que sucedería dentro de las próximas 5 décadas. En la década el 60 la ciudad es pensada en dos perspectivas: Por un lado el desarrollo económico el cual estaría  sustentado en el empleo y la producción agrícola (modernización de la agricultura) y por otro lado en el empleo y la producción urbana (Modernización de las ciudades) enfoque desarrollado en gran medida por Lauchin Currie. Sin embargo y a pesar de la realidad del país, la directriz tomada se enfocó hacia  la modernización de la agricultura (desarrollada a través de la Reforma agraria y políticas sobre el campo) dejando de lado los procesos de urbanización y migración de la población campesina hacia las ciudades; Es importante aclarar que es en este momento, cuando las principales ciudades del país comienzan a tener un proceso de urbanización acelerado como se evidencia en las siguientes cifras:

La ciudad soporta un crecimiento entre 1960 y 1990 de  4¹304.735 Hb. En 1950 tiene 620.340 Hb, en 1960 tiene 1¹305.857, en 1970  tiene 2¹512.300, en 1980 tiene  4¹214.382 y en el 2000 6¹437.842. (Fuente: Estadísticas históricas Santa Fe de Bogotá 1950-1999 DAPD- Dinámica Urbana).

Es así como la fuerza que había tomado la planeación urbana en las décadas de los 40 y 50(s), se desvanece ante la premisa de dar continuidad a la idea de un país rural, cuyo futuro y desarrollo económico se soportaría en el campo. En las siguientes décadas es decir entre las décadas de los 60 y 90(s), la planeación urbana y las ciudades mismas desaparecen y dejan de ser tenidas en cuenta como posibilidad de desarrollo, hasta recientes planteamientos y el desarrollo de la Ley de Reforma urbana  (Ley 9 de 1990), y posteriormente la Ley 388 de 1997 que introducen de nuevo la importancia de las ciudades en el marco del desarrollo del país.

 

El texto anterior trata de introducir de manera rápida los procesos e ideas de ciudad que antecedieron a las décadas de finales de los 70 como marco y contexto de las casi tres décadas de ausencia de planeamiento urbano en la ciudad de Bogotá, (1970-2000, período en que se desarrollará principalmente el presente texto) hasta año 2000 (cuando es adoptado el actual Plan de Ordenamiento para Bogotá  a través del Decreto 619 del 2000).

 

El crecimiento y desarrollo de la ciudad de Bogotá entre los años de 1979 y 2000 estuvo direccionada  a través de códigos normativos, los cuales condicionaron las acciones de la planeación urbana, y enfocaron sus esfuerzos a la reactivación de la industria de la construcción y a la densificación de la ciudad, bajo el supuesto, que la ciudad continuaría con los mismos ritmos de crecimiento, situación que no fue así.

Fueron los Acuerdos 7 del 79 y 6 del 90 los que condujeron el crecimiento y ordenamiento del territorio, en las décadas de los 80 y 90¹s los cuales utilizaron como mecanismos de desarrollo, instrumentos de ordenamiento y administración del espacio urbano como fueron: Los tratamientos y las áreas de actividad. Los primeros eran el resultado del cruce de información física con la económica, determinando así las actuaciones privadas y públicas; y las segundas eran zonas de carácter homogéneo, condicionadas tanto por su localización en la ciudad, como por su autonomía funcional. (Ref: Del Urbanismo a la Planeación en Bogotá. Rodrigo Cortés 1995).  El efecto de la aplicación de éstos mecanismos, fue la subordinación de las decisiones urbanísticas y arquitectónicas frente al mercado inmobiliario el cual se encargó de producir y volver rentable el espacio urbano demandado, mediante el cambio de los usos del suelo y el incremento en los niveles de densificación, con lo cual legitimó las condiciones impuestas desde la introducción del UPAC. (El cual presentó la propuesta de densificar la ciudad, sobre áreas útiles (Lotes), con un modelo de ocupación para las nuevas áreas residenciales, el cual configuraba una ciudad compacta de 5 pisos y con usos múltiples.)

El acuerdo 6 del 90 basó su enfoque en la producción de una normativa de carácter jurídico, que transformó el sentido inicial de las ³áreas de actividad y tratamientos² dado por el Acuerdo 7/79 y adicionalmente adoptó como instrumentos del planeamiento físico, los niveles de zonificación, cuya aplicación simultánea con los tratamientos produjo una actuación y lectura fragmentada del territorio, ya que el concepto de zonificación planteaba la caracterización de la ciudad a partir de la identificación de áreas homogéneas, con relación  a un diagnóstico de usos y actividades específicas, y no bajo la idea de consolidar hacia el futuro áreas de funcionamiento homogéneo, lo cual generó que  la dinámica de la ciudad tomara otro rumbo y estableciera otra estructura de funcionamiento,  que se caracterizó por absorber los continuos cambios de actividades y los usos del suelo, que estuvieron fuertemente  presionados por el mercado inmobiliario. 

Los tres niveles de zonificación constituyeron las jerarquías con relación a la estructura urbana, siendo así el espacio público el primer nivel de zonificación, las actividades del territorio (según su carácter, urbano, suburbano y rural) el segundo nivel y las áreas de actividad el tercero. En relación con lo anterior se podría decir que fue un aporte muy importante el plantear el espacio público como estructurador de ciudad, pero es también importante tener en cuenta que en el mismo escenario y bajo la presión del mercado inmobiliario se planteó la ³necesidad² de volver rentable el suelo y de reactivar la construcción  vivienda, acción dejada en manos de los promotores privados, quienes obviamente, no tuvieron en cuenta el espacio público, ni áreas libres para la dotación de equipamientos,  con lo cual demuestra la falta de correspondencia y control en la puesta en práctica de los planteamientos urbanos desde la institución, frente a las acciones reales de los promotores privados y la dinámica misma de la ciudad.

Una buena evidencia de la contradicción realizada entre las decisiones planteadas frente a las tomadas, para entender el estado de la ciudad actual, es la puesta en marcha durante el Acuerdo 7/79, de los decretos 1025 del 87 y 067 del 88, los cuales establecieron la oferta al mercado más de 60000 lotes por desarrollar (como insumo para la reactivación de la construcción), sin ningún tipo de condiciones para sus propietarios,  y de la transformación de aproximadamente el 40% de áreas residenciales de la ciudad que tenían como tratamiento la conservación ambiental y pasaron a rehabilitación, generando cambios de patrón e incremento en los usos comerciales y de servicios. (Ref: Del Urbanismo a la Planeación en Bogotá. Rodrigo Cortés 1995).

 

Un factor adicional que fue determinante en la ciudad desarrollada durante el período en desarrollo fue los cambios de valor que sufrió el suelo de Bogotá. La evolución de los valores del suelo  (valorización-desvalorización) y su comportamiento podría decirse que tendieron a cumplir con los ciclos de auge y crisis de la economía nacional y de la industria de la construcción. La mayor especulación de suelo se presentó tanto en las zonas destinadas a desarrollarse durante el acuerdo 7 que se localizaban en la periferia de la ciudad como en las áreas intersticiales de las zonas centrales que promovieron la valorización y transformación (con énfasis en los procesos de densificación) de su entorno inmediato. Igualmente en las áreas suburbanas se presentó una fuerte presión generada por la ampliación de los perímetros urbanos y de servicios con lo cual se incrementó la demanda de tierra para la construcción de vivienda y localización de usos metropolitanos.

 

La importancia del dominio del tema radica en la necesidad  de identificar los factores que intervienen en los precios del suelo y para poder disponer de los mecanismos adecuados para evitar las continuas especulaciones del suelo (tanto urbano como suburbano).  En cuanto al suelo urbano la especulación es presentada principalmente por la demanda del suelo en áreas que han sido afectadas por la ejecución de obras que rehabilitan y mejoran las condiciones del lugar, generando cambios sustanciales en la estructura de funcionamiento, (usos, movilidad, densidad de población que acude al lugar,etc, y el áreas intersticiales por desarrollar que promueven la valorización de sus áreas contiguas, situación que potencia el cambio de edificaciones y el incremento en sus densidades. En cuanto al suelo suburbano, la presión ejercida se presenta generalmente por la ampliación de los perímetros urbanos y de servicios con lo cual se incrementa la continua demanda de tierra para la construcción de vivienda.

Por su parte, las disposiciones tomadas en el Acuerdo 6/90,  generaron grandes áreas de suelo a desarrollar en la periferia, además de asignar nuevas áreas de actividad y tratamientos a aproximadamente el 40% de la ciudad construida (las áreas con tratamiento residencial general pasaron a tener la opción de desarrollo de usos múltiples con tratamientos de actualización), con lo cual se flexibilizó y desreguló  los usos y actuaciones en el suelo urbano, situación que fue aprovechada durante el elevado crecimiento de la industria de la construcción entre 1993-1997.

 

Es así como las  consecuencias generadas por dejar en manos el desarrollo de una ciudad a partir de códigos normativos, se traduce en un exceso, rigidez y complejidad en la Planificación, dada el afán por controlar y detallar aspectos arquitectónicos, que no corresponden a la escala de la misma, lo cual genera la necesidad de simplificar el concepto de planificación física, el cual debe enfocarse a la posible utilización del suelo y la coordinación de los equipamientos de la infraestructura. Al mismo tiempo se genera un clima a favor de la desregulación total y al olvido de la planificación a escala urbana, situación que pone en jaque especialmente al problema de la vivienda para población de ingresos bajos, dado los procesos irreversibles de urbanización de las ciudades.